Era una tarde de Julio y llovía torrencial
mente sobre Buenos Aires. Las calles comenzaban a inundarse. Josué entro
corriendo a una biblioteca buscando refugio. En ese preciso instante recordó
que debía hacer un trabajo práctico para la escuela y le pregunto a un
empleado.
— Hola,
necesito información sobre
el holocausto— preguntó Josué.
— Yo podría ayudarte,
ya que mis abuelos vivieron en esa época— Respondió Mordejai.
— Que te ha contado tu padre.
— ¿Qué te ha contado tu padre? — Preguntó
Josué.
— Los siete hermanos de mi abuelo fueron asesinados por los
nazis en cámaras de gas—Añadió Mordejai.
—Mi madre me contó que
cuando era chico y a mi padre y a mí nos secuestraron y nos metieron en campos
de concentración.
— ¿Tú has estado ahí? —Dijo
Mordejai.
—Si la vida es horrible ahí
dentro. Nos obligaban a hacer trabajos forzosos, tampoco podíamos ver a
nuestras familias ni comunicarnos con ellas nos sentíamos aprisionados—Contó Josué.
—Sí, mi viejo amigo me ha
contado que perdió toda su familia en Polonia, que había sido invadida por
Hitler. —Aporto Mordejai.
— ¿Pero; sabes qué?, a
pesar de todo, la vida es bella. —Concluyó Josué.
